Neocapitalismo o el Fin de las Ideologías

Neocapitalismo o el Fin de la Ideologías

Llegó la hora de analizar ideológicamente las cripto monedas y este movimiento de cripto emprendedores.

Muchos me han oído decir que las criptomonedas y ahora todos los cripto activos, son la espada libertaria de nuestros pueblos y cada día estoy más convencido de esta realidad.

Las criptomonedas y en especial el ecosistema cripto les dan a los habitantes de este planeta libertad a niveles nunca dados, estamos frente a la revolución más importante de la historia de la humanidad, sin armas, ni tintes de ideologías recalcitrante.

Las Criptomonedas, son la solución para la creciente división de la desigualdad de las riquezas impulsada por la política monetaria de la Reserva Federal de imprimir billones de dólares.

No estamos en medio del final del capitalismo, estamos viviendo las últimas horas y el estertor de muerte del sistema fiduciario posterior a 1971. 

Confundir los dos (y basar soluciones o políticas en este error) es una receta para intervenciones contraproducentes y oportunidades perdidas.

Nunca en mi vida he sentido una sensación más apremiante de que nos estamos acercando al final de algo, el capitalismo agoniza, la pregunta es nacerá un neocapitalismo o es el final de este sistema económico y social.

Creo que esta sensación de acercarse al final de época histórica y del que siento es un nuevo orden mundial, que además muchos no entienden, también ha saturado de mucha información nuestra elite política conservadora. 

En un país como Estado Unidos donde la voluntad colectiva de los dos partidos políticos se limitan a revivir a Franklin D. Roosevelt o a Ronald Reagan, con resultados cada vez más disminuidos.  Cada partido quiere devolver al país a su trayectoria preferida, «Izquierda o Derecha » pero estos caminos han convergido y terminado. 

De ahí la progresiva sensación de que hemos llegado a algún punto del final de los tiempos. 

Muchos, particularmente los de la izquierda progresista, se refieren a este estado de cosas, esta como “capitalismo de última etapa”, una frase arraigada en el marxismo (pero no acuñada por su fundador), la cual sería muy superficial para el cambio que creo hoy desde la Casa Blanca siguen algunos economistas desfasados buscan resolver con recetas ancestrales. 

El significado del término ha evolucionado con el tiempo, pero recientemente se ha convertido en una especie de término general nebuloso, un meme de lamento por la enorme brecha de riqueza y lo absurdo de la vida cotidiana, que ha llegado a parecerse, en su (a veces) futilidad caricaturesca, una obra de teatro al mejor estilo de Broadway.

 Los acontecimientos actuales solo han intensificado el lamento.

Esto ha llevado a algunos a especular que hemos llegado al final del capitalismo como sistema económico viable; que el capitalismo, abandonado ha sus propios recursos y continuará eliminando o degradando nuestros bloques sociales hasta que todo se derrumbe.

Simplemente estamos presenciando la conclusión inevitable de un sistema contraproducente, dicen…

Su punto final natural es un neofeudalismo en el que los señores ultrarricos reparten migajas a las masas indigentes o un colapso que, a su paso, engendra un estado de naturaleza anárquico y favoreciendo a los fuertes y bien dotados que, mínimamente constreñido, pisoteará a los débiles con impunidad.

Frente a esta sombría perspectiva, ¿por qué no intervenir de manera preventiva y trazar un curso hacia un sistema diferente? ¿Por qué otorgar al estado más poder para coordinar la actividad económica? ¿Por qué no redistribuir la riqueza antes de que termine en manos de unos pocos que ya son poderosos? 

Creo que la mayoría de nosotros entendemos el impulso aquí. La idea de que algo está fundamentalmente roto y la idea de que algo debe cambiar es generalizada.

Pero la respuesta no es conjurar el fantasma senil de Reagan, ni remezclar a Roosevelt o sumar el raciocinio invertir de Trump, ciertamente no es abandonar el capitalismo por completo en favor de alternativas esencialmente académicas, ya sea el estado socialista dirigido por los trabajadores o alguna vaga concepción de una utopía agraria plagada de resentimientos sociales.

Pero con demasiada frecuencia nuestro discurso parece confinado a estos paradigmas irracionales de una clase política que se estancó en el siglo pasado y es que hay varias razones para este atasco intelectual; Primero, creo que estamos tratando de encajar clavijas de realidad en agujeros cuadrados y partidistas.

En segundo lugar, creo que estamos etiquetando mal el momento y diagnosticando mal sus fallas porque nuestro lenguaje no se ha desarrollado más allá de los binarios de la Guerra Fría de capitalismo y socialismo, burguesía y proletariado, trabajadores y capitalistas.  

Postulo que estamos, de hecho, en las últimas etapas de algo, pero este “algo” no es el capitalismo y mucho menos el socialismo a la europea, entendiendo que su primo bastardo Comunismo YA murió, aunque en Venezuela no lo sepan. 

Ahora, eventualmente podemos llegar al final del capitalismo; no estoy excluyendo esa posibilidad, ni estoy sugiriendo que el capitalismo no tiene problemas inherentes e intratables. Pero gran parte de la grotesca tragicomedia contemporánea que atribuimos al “capitalismo de última etapa” está habilitado y facilitado de manera única por la moneda fiduciaria y no del todo inevitable o innato al capitalismo.

Sé que quizás pienses que Aldo López, hijo de Fabriciano, aquel que con orgullo levantaba su carné envejecido de su Partido Obrero Español PSO sueña con esto, pero sugerencias más amplias sobre el fin del capitalismo son teóricas y prematuras. 

En consecuencia, nuestros esfuerzos no deben orientarse hacia la eliminación o trascendencia del capitalismo, sino más bien hacia la corrección de errores en la introducción y proliferación del orden monetario fiduciario. 

 Las concepciones contemporáneas del capitalismo de la última etapa se basan principalmente o nacen de la desigualdad acelerada e intensificada de la riqueza, que se considera el resultado inevitable e ineludible del capitalismo. Estos resultados, según el argumento, son inherentes y, por lo tanto, predeterminados por un sistema capitalista que agoniza.

 No aceptar que estamos frente al comienzo de una era sin barreras ideológicas, donde el norte es la descentralización de las cosas, la libertad del individuo, el acceso a una vida de bienestar y riqueza, como consecuencia obligada de ser todos hijos del mismo rey creador y el deber conceptual de vivir como príncipes, no es una utopía hoy, es la realidad más poderosa que te dan los cripto activos.

 Abrir un cripto wallet y tener tu dinero en tus manos y bajo tu control, poder crear tu propia moneda con una comunidad de uso sin controles estatales, hacer una colectividad empresarial, con gobernanza compartida y justa como lo son las DAO o porque no expresar tu derecho a la tenencia otra vez de un NFT, son términos que aún los capitalistas de última etapa no entienden, pero cuidado que los socialistas menos aún. 

Hoy nace la fuerza del derecho divino a la autodeterminación, a la libertad colectiva al ser de Luz que toma control de su presencia divina y su herencia cósmica.

 El Mundo Cripto llegó para quedarse, la concepción de un mundo perfecto está cada día más cerca en el metaverso y la libertad soñada junto a una riqueza alcanzable para todos es real hoy con las Criptomonedas.

Por eso pertenezco al «Anti Fiat Social Club» más que como movimiento, un estilo de vida, una sociedad que verá el final de Capitalismo y el Socialismo y a la vez pasaremos a un estado de vida Descentralizado con libertades ampliadas y no manipuladas o regidas por poderes clericales asociados a cúpulas económicas y mucho menos controlados por fusiles dictatoriales.

Esta es la verdadera caída del Muro.

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